Presentación

Brasil no sólo es un país, es una inmensidad de culturas creado delicadamente por numerosas etnias. Una realidad cercana a las dimensiones de un universo.

Los términos que se emplean para definir Brasil van desde las expresiones del “país con exuberante naturaleza”, “el país más auténtico” hasta “el país que ha padecido a lo largo de la historia la fiebre del oro, del caucho y del café” o bien, como “el país de la Amazonia”.

Expresiones, todas ellas ciertas, pero, quizás, ninguna capaz de definirlo certeramente. Álvar Núñez Cabeza de Vaca, quien descubriera las impresionantes Barrancas del Cobre, en el norte de México, descubriría, más tarde, las Cataratas del Iguazú. Desembarcó involuntariamente en América, en la Península de Miami, después de sufrir un naufragio. Desde entonces dedicaría su vida a encontrar el reino y los tesoros de Sibila.

Movido por aquel extraño deseo, recorrería incansablemente gran parte del Nuevo Mundo, hasta llegar al Brasil. Quizás en Brasil se encuentre alguna de las entradas al paraíso, al tan ansiado tesoro de Cabeza de Vaca, al Reino de Sibila. Tal vez se acceda a ellas, en el equilibrado encuentro con la naturaleza, en el ritmo de sus danzas, en los ritos del Candomblé, en los cantos en yoruba, en sus exóticos sabores, en el frenesí del carnaval, o tal vez, en sus magníficas costas y playas, donde la luz y el color dominan el ambiente.

Es por eso que estamos seguros de que alguna de las puertas de entrada al paraíso se encuentra en Brasil. En nuestros viajes por estas tierras hemos descubierto verdaderas maravillas y hemos constatado, además, que Brasil guarda celosamente, con el Amazonas, la continuidad de la existencia. Si desaparece el Amazonas, importante pulmón del planeta, desaparecerá con toda seguridad la vida misma.

La mezcla de razas ha enriquecido la cultura brasileña al mismo tiempo en que la hizo única. La miscegenación comenzó entre los indios, los africanos y los portugueses, pero más tarde llegaron inmigrantes provenientes de todo el mundo: europeos, asiáticos y árabes. Como resultado, el Brasil tiene un pueblo alegre y abierto a lo nuevo, como no hay otro en todo el mundo.

Debido a esa gran diversidad, el Brasil es una de las últimas provincias de la Tierra en que nadie es extranjero, en donde es posible cambiar el destino sin perder la identidad y en la que cada brasileño lleva un poquito del mundo en su sangre. Quizás ese sea el motivo por el cual los brasileños reciben tan acogedoramente a los que llegan de lejos. De acuerdo a encuestas realizadas entre turistas extranjeros que visitaron el país, el 97,2% planea volver pronto; el 56,5% sintió que sus expectativas fueron ampliamente satisfechas; y el 31,7% sintió que todas sus expectativas fueron superadas.

Como se puede percibir, los que visitan el Brasil se convierten en admiradores fanáticos en la primera visita.





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