Carnaval

La alegría carioca contagia a quien visita Río de Janeiro para participar del Carnaval – de donde sea que venga. Y convoca a todos para mover los pies, soltar los brazos, poner más brillo en la mirada y participar de verdad de esta fiesta. Sea en los desfiles de las ‘escolas de samba’ (Sociedades musicales recreativas compuesta de danzarines de samba), en la Avenida Marquês de Sapucaí, o en los ‘blocos de rua’ (comparsas), la palabra de orden es una sola: diversión.

En Salvador, en el Estado de Bahia, el Carnaval comienza efectivamente en diciembre, con la inauguración de los festejos con la fiesta de la Conceição da Praia. Pero es en febrero que carnavalescos de todas las edades llenan las calles de la capital baiana, animados por tríos eléctricos – grandes y coloridos camiones equipados con potentísimos amplificadores sonoros, en donde músicos cantan y hacen danzar al pueblo.

Ya en el Estado de Pernambuco, se destacan los carnavales de Olinda y de Recife. Fue allí que surgió el frevo (danza rítmica de ritmo rápido, con danzarines individuales llevando sombrillas), uno de los ritmos más seductores del país. Por una semana, las personas salen a las calles disfrazadas y bailan frenéticamente, al lado de los tradicionales, muñecos gigantes y “maracatus” (danza dramatizada en la que un grupo carnavalesco baila acompañando a una mujer que lleva una muñequita muy arreglada, la calunga, en el extremo de un bastón).

En Sao Paulo, el Carnaval era antes una fiesta restricta a los salones. Pero con el pasar de los años, se trasladó a las calles, siguiendo las influencias de las escolas de samba de Río de Janeiro.





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